Venciendo
miedos.
El año estaba terminando, los libros ya no se abrían
y las decisiones empezaban a formarse. Karla se había dado cuenta que a pesar
de haber conocido a personas muy importantes en su vida, a lo largo de nueve
años, ya necesitaba un cambio.
Karla era una niña de 14 muy tímida e introvertida
cuya familia intentaba inculcarle la religión católica, por lo que decidieron
inscribirla en una escuela mixta de monjas nueve años atrás. Nunca fue muy
cercana a la religión, pero al tener que decidir a qué prepa entraría quiso
complacer a sus padres al elegir una escuela católica. Para su suerte los
padres de algunos amigos de ella pensaban lo mismo y terminaron en la misma
escuela; en la UNIVA.
El cambio iba a ser muy difícil para ella ya que
tendría que conocer gente nueva y a ella eso le costaba mucho trabajo. Pero
estaba dispuesta a esforzarse.
El primer día Karla llegó a la escuela con una amiga
de su antigua escuela que vivía en el mismo coto. Estaban en la misma área pero
en diferentes salones. Lo cual significaba que sería comenzar de cero.
Entró y se sentó en una butaca a esperar que el
salón se llenara de gente desconocida para ella. Como estaba tan dispuesta a
dejar a un lado su timidez, a una niña sentada enfrente de ella le hizo un
cumplido por sus uñas. Ella solo respondió amablemente y fue todo. Karla pensó
que había fracasado.
Pasaron los días y la comunicación iba mejorando. Ya
se veían esas chispas de futura gran amistad. Gracias a trabajos en equipo y
pequeñas salidas la relación se fue forjando. Incluso por las fechas de navidad
se hizo una pequeña reunión entre las niñas llamado “texov”, donde cada quien
cocinaba o llevaba algo para compartir. Karla supo que había progresado y su
timidez había disminuido.
Cuando el primer año de preparatoria estaba por
terminar, muchos tuvieron que abandonar la escuela por faltas o cuestiones
económicas. Esto significaba que los iban a juntar con el otro salón y serían más.
Las buenas noticias siguieron saliendo ya que una muy cercana amiga de Karla iba a
cambiarse a la UNIVA, al mismo salón.
Al llegar al salón por primera vez con todos se
sintió menos asustada que un año atrás ya que conocía a más personas.
La amiga que había apenas entrado retomó la amistad
que tenían y comenzó a llamarla por su sobrenombre “Playboy”. A muchos se les
hizo raro y pedían explicaciones. Karla, repetitivamente, explicaba que había
sido por una mochila en primero de secundaria. Comenzaron a llamarla de la
misma forma también.
El primer semestre fue un poco tenso porque se dividía
el salón hasta que un compañero de Karla, que era nuevo, invitó a todos a una fiesta.
Desde ese punto en adelante se empezaron a unir cada vez más.
Se acercaban los exámenes y esa misma amiga recordó
que en secundaria le pedía ayuda a Karla para matemáticas y decidió hacerlo de
nuevo. Otros se dieron cuenta y pidieron ayuda. Para Karla esta era una
oportunidad para conocer y hablar con personas de su salón a los que no les
había hablado antes.
En el último año empezó a aumentar la cantidad de
personas que iban a casa de Karla por clases. Ya era toda una rutina: un día
antes preguntaban si podían, lo cual no tenían que porque sabían que Karla
diría que sí y el mismo día de las clases confirmaban que si iban a ir. Salían
de la escuela iban por pizza o Karla les hacía de comer, descansaban una media
hora y subían a un cuarto de la casa de Karla, ponían colchones y la clase
comenzaba. Incluso, llegó a tener un pizarrón. Era muy común también que al día
siguiente antes del examen les hiciera un pequeño examen y que le preguntaran
dudas. Gracias a esto su timidez cada vez fue desvaneciéndose. Y gracias a las
reuniones que se hacían con más frecuencia, el salón de Karla creó un lazo muy
fuerte.
Después de tres años la toma de decisiones volvió, y
ahora era más importante. Karla ya había decidido que entraría al ITESO pero no
sabía a qué carrera. Al pensar mucho
decidió que entraría a mercadotecnia. Pero se avecinaba algo muy grande para
Karla. Hacer amigos de nuevo. Aunque ella sabía que ya no era esa niña tímida
de tres años atrás, sabía que le costaría trabajo.
Se ha dado cuenta que ya no es tan difícil dejar su
timidez a un lado y ponerse en situaciones fuera de su zona de confort. Karla sabía que había tenido éxito.
Como todo, cada cambio de etapa no es fácil y la mayoría, hemos pasado por eso. Esta padre crecer y vivir cada una de las etapas al máximo sabiendo sacar lo mejor de cada una.
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