jueves, 3 de octubre de 2013

Karla

Venciendo miedos.

El año estaba terminando, los libros ya no se abrían y las decisiones empezaban a formarse. Karla se había dado cuenta que a pesar de haber conocido a personas muy importantes en su vida, a lo largo de nueve años, ya necesitaba un cambio.
Karla era una niña de 14 muy tímida e introvertida cuya familia intentaba inculcarle la religión católica, por lo que decidieron inscribirla en una escuela mixta de monjas nueve años atrás. Nunca fue muy cercana a la religión, pero al tener que decidir a qué prepa entraría quiso complacer a sus padres al elegir una escuela católica. Para su suerte los padres de algunos amigos de ella pensaban lo mismo y terminaron en la misma escuela; en la UNIVA.
El cambio iba a ser muy difícil para ella ya que tendría que conocer gente nueva y a ella eso le costaba mucho trabajo. Pero estaba dispuesta a esforzarse.
El primer día Karla llegó a la escuela con una amiga de su antigua escuela que vivía en el mismo coto. Estaban en la misma área pero en diferentes salones. Lo cual significaba que sería comenzar de cero.
Entró y se sentó en una butaca a esperar que el salón se llenara de gente desconocida para ella. Como estaba tan dispuesta a dejar a un lado su timidez, a una niña sentada enfrente de ella le hizo un cumplido por sus uñas. Ella solo respondió amablemente y fue todo. Karla pensó que había fracasado.
Pasaron los días y la comunicación iba mejorando. Ya se veían esas chispas de futura gran amistad. Gracias a trabajos en equipo y pequeñas salidas la relación se fue forjando. Incluso por las fechas de navidad se hizo una pequeña reunión entre las niñas llamado “texov”, donde cada quien cocinaba o llevaba algo para compartir. Karla supo que había progresado y su timidez había disminuido.
Cuando el primer año de preparatoria estaba por terminar, muchos tuvieron que abandonar la escuela por faltas o cuestiones económicas. Esto significaba que los iban a juntar con el otro salón y serían más. Las buenas noticias siguieron saliendo ya  que una muy cercana amiga de Karla iba a cambiarse a la UNIVA, al mismo salón.
Al llegar al salón por primera vez con todos se sintió menos asustada que un año atrás ya que conocía a más personas.
La amiga que había apenas entrado retomó la amistad que tenían y comenzó a llamarla por su sobrenombre “Playboy”. A muchos se les hizo raro y pedían explicaciones. Karla, repetitivamente, explicaba que había sido por una mochila en primero de secundaria. Comenzaron a llamarla de la misma forma también.
El primer semestre fue un poco tenso porque se dividía el salón hasta que un compañero de Karla, que era nuevo, invitó a todos a una fiesta. Desde ese punto en adelante se empezaron a unir cada vez más.
Se acercaban los exámenes y esa misma amiga recordó que en secundaria le pedía ayuda a Karla para matemáticas y decidió hacerlo de nuevo. Otros se dieron cuenta y pidieron ayuda. Para Karla esta era una oportunidad para conocer y hablar con personas de su salón a los que no les había hablado antes.
En el último año empezó a aumentar la cantidad de personas que iban a casa de Karla por clases. Ya era toda una rutina: un día antes preguntaban si podían, lo cual no tenían que porque sabían que Karla diría que sí y el mismo día de las clases confirmaban que si iban a ir. Salían de la escuela iban por pizza o Karla les hacía de comer, descansaban una media hora y subían a un cuarto de la casa de Karla, ponían colchones y la clase comenzaba. Incluso, llegó a tener un pizarrón. Era muy común también que al día siguiente antes del examen les hiciera un pequeño examen y que le preguntaran dudas. Gracias a esto su timidez cada vez fue desvaneciéndose. Y gracias a las reuniones que se hacían con más frecuencia, el salón de Karla creó un lazo muy fuerte.
Después de tres años la toma de decisiones volvió, y ahora era más importante. Karla ya había decidido que entraría al ITESO pero no sabía a qué carrera. Al  pensar mucho decidió que entraría a mercadotecnia. Pero se avecinaba algo muy grande para Karla. Hacer amigos de nuevo. Aunque ella sabía que ya no era esa niña tímida de tres años atrás, sabía que le costaría trabajo.

Se ha dado cuenta que ya no es tan difícil dejar su timidez a un lado y ponerse en situaciones fuera de su zona de confort.  Karla sabía que había tenido éxito.

1 comentario:

  1. Como todo, cada cambio de etapa no es fácil y la mayoría, hemos pasado por eso. Esta padre crecer y vivir cada una de las etapas al máximo sabiendo sacar lo mejor de cada una.

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