sábado, 2 de noviembre de 2013

Risa Opaca

Risa Opaca
Estaba Iván, un niño de 9 años, lanzando pequeñas piedras hacia la ventana de su amigo “Betito” como cada sábado a las 5 de la tarde.  Él vivía en el 3 piso, por lo que no se le dificultaba a Iván atinarle. Llevaban 2 años conociéndose, desde que Iván se mudó a eso departamentos. Mientras que Betito pedía permiso para salir, Paula, que había visto por la ventana a Iván, se apresuró a bajar. Ella siempre se colaba a los planes de ellos dos, pero empezaba a no importarles. No eran tan diferentes entre ellos. Los tres tenían la misma edad, iban a la misma escuela y les encantaba jugar a “las traes”.
Esa tarde no fue tan diferente. Ya que todos los martes, desde que abrieron la heladería en la esquina, iban los tres a comprar una paleta de $5 pesos. Siempre de regreso discutían el capítulo de su programa favorito y molestaban a Paula diciéndole que lo que ella opinaba estaba mal y reían a carcajadas. Terminaban su tarde dibujando en el asfalto con gis.
Lo que cambio ese día fue que a Betito lo mandara a llamar su madre antes de las 7, la hora acordada para entrar. Iván y Paula le dijeron que tal vez se había confundido de hora y que se quedara un rato más.
Pasó un rato y, como era costumbre, los niños dibujaban dinosaurios aplastando ciudades o aviones y carritos, mientras que Paula hacia flores y a su gato “Pushen”. Estaban tan concentrados que no se dieron cuenta que la mamá de Betito se acercaba a ellos. Paula dejó caer su pedazo de gis y llevo sus manos directamente a su boca. La mamá de Betito había llegado, bruscamente, a gritarle reclamándole. Además lo jaloneaba y arrastraba mientras que Betito lloraba.
Iván estaba asustado. Nunca había visto a la mamá de Betito actuar así, ella siempre había sido amable. No sabía qué hacer y volteó a ver a Paula, que estaba petrificada con lágrimas en su cara, y la tomó en brazos hasta que se calmara pero tardó mucho. Betito y su mamá ya se habían ido, Paula seguía respirando muy rápido, así que Iván la apartó y le dijo se fuera a su casa pero que no le contara a sus padres. Pensó que eso es lo que hubiera pedido su amigo.
Iván llegó a su casa aun en shock, pensando en que pudo haber pasado para que se alterara así. Prefirió ignorar lo que pasó y se puso a terminar su tarea para poder merendar.
Al día siguiente en la escuela, Iván esperaba a Betito en la banca donde siempre se sentaban en los recreos. Él nunca llegó.
Pasaran dos días en los que Iván no sabía nada de su amigo. No iba a la escuela, no respondía sus llamadas y tampoco le abrían la puerta, aunque él supiera que sí había gente por los gritos que se escuchaban. Eso no era lo más extraño, si no que a Paula también ya casi no la veía y no sabía por qué. Decidió hacer algo que jamás pensó hacer, ir a tocar a su puerta.
Llegó y lo dudó por un momento pero lo hizo. Casi al instante le abrió Paula. Había algo raro en ella, como si sus colores, de piel, ojos y cabello, se hubieran opacado. La invitó por un helado pero ella dijo estar muy ocupada y, sin que Iván pudiese decir algo, ella cerró la puerta.
¿Qué estaba pasando con sus amigos? Nunca había pasado. Él se preguntaba si el que estaba raro o diferente era él. De tanto pensar se estaba revolviendo y prefirió preguntarle a su mamá qué opinaba. A ella se le hizo un poco raro pero no le dio importancia y respondió lo que todos los adultos solían decir: “son solo niños”. A Iván le molestaba mucho esa frase pero pensó que tal vez si estaba exagerando.
A la semana la bomba explotó y se dio cuenta que no estaba exagerando.
Llego a la escuela como cualquier otro día, la diferencia era que ese día les iban a dar pláticas de sexualidad. Ya les habían avisado de esto dos semanas antes y, aunque no habían hablado tanto Iván y Betito, se quedaron de ver afuera del auditorio.
Betito llegó cabizbajo. Iván notó que tenía una costra en el labio y quería preguntarle, pero decidió no hacerlo. Entraron al auditorio y vieron que Paula, con la que no habían hablado nada en estas últimas semanas, estaba sentada en la esquina de la última fila de sillas y fueron hacia allá.
Había un silencio muy incómodo. Iván extrañaba el sonido de las carcajadas que solían soltar y el dolor en el abdomen que se disfrutaba después de estas. Sintió un gran nudo en la garganta al ver a sus dos mejores amigos serios y sin que él pudiese hacer algo.
La conferencia empezó e Iván podía notar como Paula se empezaba a inquietar y se agazapaba en la silla. Era como si estuviera siendo golpeada por dentro. Se veía cómo sufría. Quiso consolarla y coloco su mano en su brazo, a lo que ella respondió con un brusco movimiento para quitarlo y, entre lágrimas, le gritó que se alejara. Todo el auditorio estaba callado viendo la cara de angustia de Iván. Mejor se levantó y salió. Seguido de él estaba Betito sin expresión alguna.
Iván ya estaba harto de no saber qué hacer, por no saber qué pasaba. Tomó valor y afuera del auditorio se giró y le reclamó a Betito por qué no le contaba qué sucedía. Este lo empujó y le dijo que no tenía derecho de reclamarle, porque no entendería. Iván suplicaba que le contara prometiéndole que entendería. Al no tener ánimos de continuar discutiendo, Betito le dijo que su padre lo golpeaba. Iván no supo cómo reaccionar, así que hizo lo mismo que con Paula, y puso su mano en su brazo y le dijo que lo ayudaría en todo lo que pudiera.

Hoy en día Iván tiene 18 años y aún extraña esas carcajadas, porque después de ese día nada fue igual. No terminaron su amistad, pero entre los tres era muy incómodo en ocasiones. Al recordar esos hechos, Iván se pregunta porqué fue tan inocente e ingenuo. ¿Cómo no pudo darse cuenta? ¿Cómo no vio que la luz de sus amigos se iba apagando? La única respuesta que encuentra a estas preguntas es esa odiada frase de “son solo niños”. Pero es verdad, tan solo era un niño. Un niño que no le veía el mal a nada. En lo único que pensaba era en divertirse con sus amigos y reír. 

Chile puro...


Los niños del cielo

Los niños del cielo


Todo empieza con un niño como de 9 años esperando a que un señor le arregle los zapatos de su hermana. Se los entrega, paga y se dirige a una tienda de frutas y verduras. Como no podía cargar todo dejo la bolsa con los zapatos escondida. Mientras el agarraba algunas papas, un señor que recogía bolsas y basura paso y tomo la bolsa. Al darse cuenta que la bolsa no estaba ahí se asusta y empieza a sacar las cosas pero se le caen cajas con verduras. El dueño del lugar lo corre y el niño huye. Al llegar a su casa ignora a su madre, la cual está enferma, y va directo a adentro. Su hermana está ahí cuidando a su hermanito y le pregunta por los zapatos. El niño, a punto de llorar, le dice que los perdió pero que buscaría por todos lados. Le suplicaba que no les dijera a sus padres porque sabía que el castigo sería muy grave. Como no los encontró le dijo a su hermana que usara sus tenis para la escuela y a la salida se los cambiaban para que el niño pudiera ir a su escuela.
Por varios días esa fue la rutina. El problema era que el niño llegaba tarde a su escuela y lo regañaban. Un día casi se pierde el zapato en la coladera, pero fue recuperado. A la niña le daba pena el tenis pero aun así los usaba. Un día vio que otra niña traía los zapatos que su hermano había perdido. La siguió para saber dónde vivía. Esa tarde fue con su hermano a la casa de la niña de los zapatos. Se terminaron regresando porque vieron que el padre de la niña estaba ciego.  Siguieron con la rutina hasta que el niño se inscribió a una carrera porque al tercer lugar le daban unos zapatos nuevos, los cuales se los daría a su hermana. Días antes de la carrera fue a trabajar con su padre a una zona con dinero y él le dijo que ganaría más dinero así que el niño sugirió zapatos para su hermana.
El día la carrera llego y casi no termina porque un niño lo tiró. El continuo e intento llegar en tercer lugar no lo logro, termino en primer lugar. Llego a casa muy decepcionado. Al final te muestran que el padre en su bicicleta trae zapatos de niña.
En películas como estas te das cuenta de las situaciones que viven personas con recursos diferentes a los nuestros. Hay una escena donde se ve la nobleza de la niña. Cuando la niña que ella creía había robado sus zapatos se acerca y le regresa su pluma y no le dice nada porque sabe que ella está en una situación peor.
Además me pareció muy lindo lo que el hermano hace por su hermana. Y también hay una escena que nos emocionó a todos, que fue cuando casi no llega a la meta. Todos estábamos pensando en la promesa que le había hecho a su hermana. Tramas así siempre me causan emoción porque yo tengo un hermano mayor y sé que el también haría cualquier cosa por mí.

En conclusión me pareció una película muy interesante. La trama fue muy buena porque nos causó diferentes emociones a todos. Para mi esa es como una señal de que es buena película. Que me cause emoción o me haga llorar. Además creo que será muy útil para el ensayo que haremos porque se ve reflejado como es la infancia en otra cultura. Además nos hace darnos cuenta que para ser feliz, no necesitas las cosas más lujosas, sino que con que tengas el apoyo de tu familia, vas a estar bien. 

jueves, 3 de octubre de 2013

Karla

Venciendo miedos.

El año estaba terminando, los libros ya no se abrían y las decisiones empezaban a formarse. Karla se había dado cuenta que a pesar de haber conocido a personas muy importantes en su vida, a lo largo de nueve años, ya necesitaba un cambio.
Karla era una niña de 14 muy tímida e introvertida cuya familia intentaba inculcarle la religión católica, por lo que decidieron inscribirla en una escuela mixta de monjas nueve años atrás. Nunca fue muy cercana a la religión, pero al tener que decidir a qué prepa entraría quiso complacer a sus padres al elegir una escuela católica. Para su suerte los padres de algunos amigos de ella pensaban lo mismo y terminaron en la misma escuela; en la UNIVA.
El cambio iba a ser muy difícil para ella ya que tendría que conocer gente nueva y a ella eso le costaba mucho trabajo. Pero estaba dispuesta a esforzarse.
El primer día Karla llegó a la escuela con una amiga de su antigua escuela que vivía en el mismo coto. Estaban en la misma área pero en diferentes salones. Lo cual significaba que sería comenzar de cero.
Entró y se sentó en una butaca a esperar que el salón se llenara de gente desconocida para ella. Como estaba tan dispuesta a dejar a un lado su timidez, a una niña sentada enfrente de ella le hizo un cumplido por sus uñas. Ella solo respondió amablemente y fue todo. Karla pensó que había fracasado.
Pasaron los días y la comunicación iba mejorando. Ya se veían esas chispas de futura gran amistad. Gracias a trabajos en equipo y pequeñas salidas la relación se fue forjando. Incluso por las fechas de navidad se hizo una pequeña reunión entre las niñas llamado “texov”, donde cada quien cocinaba o llevaba algo para compartir. Karla supo que había progresado y su timidez había disminuido.
Cuando el primer año de preparatoria estaba por terminar, muchos tuvieron que abandonar la escuela por faltas o cuestiones económicas. Esto significaba que los iban a juntar con el otro salón y serían más. Las buenas noticias siguieron saliendo ya  que una muy cercana amiga de Karla iba a cambiarse a la UNIVA, al mismo salón.
Al llegar al salón por primera vez con todos se sintió menos asustada que un año atrás ya que conocía a más personas.
La amiga que había apenas entrado retomó la amistad que tenían y comenzó a llamarla por su sobrenombre “Playboy”. A muchos se les hizo raro y pedían explicaciones. Karla, repetitivamente, explicaba que había sido por una mochila en primero de secundaria. Comenzaron a llamarla de la misma forma también.
El primer semestre fue un poco tenso porque se dividía el salón hasta que un compañero de Karla, que era nuevo, invitó a todos a una fiesta. Desde ese punto en adelante se empezaron a unir cada vez más.
Se acercaban los exámenes y esa misma amiga recordó que en secundaria le pedía ayuda a Karla para matemáticas y decidió hacerlo de nuevo. Otros se dieron cuenta y pidieron ayuda. Para Karla esta era una oportunidad para conocer y hablar con personas de su salón a los que no les había hablado antes.
En el último año empezó a aumentar la cantidad de personas que iban a casa de Karla por clases. Ya era toda una rutina: un día antes preguntaban si podían, lo cual no tenían que porque sabían que Karla diría que sí y el mismo día de las clases confirmaban que si iban a ir. Salían de la escuela iban por pizza o Karla les hacía de comer, descansaban una media hora y subían a un cuarto de la casa de Karla, ponían colchones y la clase comenzaba. Incluso, llegó a tener un pizarrón. Era muy común también que al día siguiente antes del examen les hiciera un pequeño examen y que le preguntaran dudas. Gracias a esto su timidez cada vez fue desvaneciéndose. Y gracias a las reuniones que se hacían con más frecuencia, el salón de Karla creó un lazo muy fuerte.
Después de tres años la toma de decisiones volvió, y ahora era más importante. Karla ya había decidido que entraría al ITESO pero no sabía a qué carrera. Al  pensar mucho decidió que entraría a mercadotecnia. Pero se avecinaba algo muy grande para Karla. Hacer amigos de nuevo. Aunque ella sabía que ya no era esa niña tímida de tres años atrás, sabía que le costaría trabajo.

Se ha dado cuenta que ya no es tan difícil dejar su timidez a un lado y ponerse en situaciones fuera de su zona de confort.  Karla sabía que había tenido éxito.